Fibromialgia tu peor enemiga o tu mejor guía

Hace 7 años le pusieron nombre a una sintomatología que presentaba desde la adolescencia.  Al principio el saber que no estaba loca, ni hipocondríaca, fue suficiente alivio; tomar medicamentos de por vida no era algo que entrara en mi cabeza y pronto comencé mi búsqueda hacia la libertad medicinal.

Fibromialgia mi peor enemiga. 

Antes del diagnóstico y al menos los dos primeros años después de comenzar el tratamiento alópata, mi cuerpo pasó de una vida activa y saludable a no poder caminar más de cien metros sin agotarme, cargar los vasos de agua a dos manos o pedir que me sirvieran el agua porque no me daban las fuerzas para cargar una jarra.  La gastritis, colitis, dolores musculares, ansiedad, tensión, llegué a romperme dos muelas por la cantidad de fuerza con la que mis quijadas se rosaban una a la otra durante la noche.   Dolores de cabeza, incapacidad para relacionarme socialmente, incapacidad para relacionarme sexualmente con mi pareja; largos periodos sin productividad, perder mi negocio, casi perder mi familia y pensamientos suicidas recurrentes porque a veces hasta respirar duele.

El ejercicio estaba indicado por los médicos pero era imposible pensar en moverme si solo respirar duele, mentalmente estaba frustrada, enojada, angustiada y muy autocriticada, sentía que no daba lo suficiente para nadie y que nadie daba lo suficiente para mí.  Estaba envuelta en un círculo constante de quien es más víctima, yo por estar enferma, o los demás porque no me tienen para resolverles la vida.

Parte de ser una enferma de fibromialgia es que entras en una descripción especifica de personas exigentes consigo mismas, perfeccionistas, obsesionadas, controladoras, sobreprotectoras y con un gran corazón que no permite pensar en uno mismo primero sino en todos los demás.

Fibromialgia la mejor guía

Conforme fui estudiando la enfermedad y los síntomas, encontré una psicóloga que me enseño a no identificarme como enferma de fibromialgia pero si a investigar todo lo posible de los síntomas y sus efectos emocionales. Logré motivarme mentalmente y empezar la búsqueda de algo que me ayudará a sanar o al menos emular los efectos de las medicinas que no me estaban curando pero mantenían los síntomas controlados.

Haciendo más investigación interna que externa, mi infancia trajo el recuerdo de mi abuela materna practicando yoga para controlar sus síntomas de asma, como una luz al fondo del túnel apareció mi camino, que me llevó hasta la India a aprender cómo usar el yoga para mejorar la calidad de vida en personas con padecimientos crónicos, fui capaz de dejar por completo las medicinas y comenzar una nueva vida, encontré en mi camino diversos terapeutas alternativos que me fueron apoyando para ir reduciendo aún más los síntomas que todavía quedaban en mi cuerpo.

Siete años después, vivo una vida diferente, quizá económicamente no estoy tan arriba como hace diez años, pero física-emocional-mentalmente me encuentro en el mejor momento de mi vida, vivo día a día con la mejor actitud posible, a veces tengo días malos y otros muy malos, pero hoy por hoy no solo me dedico a sanarme yo, sino a apoyar a todas las personas que puedo, a través del internet he logrado guiar a más personas que como yo en algún momento se sienten perdidas, sin motivos para seguir respirando y soportando tanto dolor…

La fibromialgia me tiro del pedestal, me quito todo lo que había construido hasta que  la acepté, una vez que deje de quejarme de ella y comencé a buscar la manera de vivir a pesar de ella, se ha vuelto una guía que nunca se equivoca, si tengo una recaída siempre puedo encontrar las razones físicas, emocionales o mentales que me llevaron a recaer, puedo trabajarlas, aceptarlas y moverme, en lugar de tener años de crisis he pasado a tener solo algunas horas a la semana o al mes.

Ahora me toca ayudar…

Busca en ti el camino para vivir mejor, siempre es posible y si puedo ayudarte, aquí estaré esperándote para que caminemos juntos esta senda de dolor, compasión y mucho amor.

Mayores informes sobre terapia física con yoga, terapia psicológica con yoga, yoga terapia para fibromialgia y otros padecimientos crónicos (físico, psicológico y alimentación Ayurveda) escribe a premanandayogaterapia@gmail.com

 

Truenos, rayos y centellas; el calor, la humedad y la lluvia

Hace varios meses que no había podido escribir, cuando comencé el blog, fue con la intención de compartir mis experiencias, ayudar a otras personas con fibromialgia, al menos hacerlas sentir acompañadas; pero escribir durante los momentos de crisis es más difícil y a veces duele teclear, por lo que escribía cuando me sentía bien; eso me provocó gran confusión, mientras estaba bien te contaba de cómo me había sentido y los síntomas regresaban.

Han pasado varios meses desde mi último intento, hoy estoy en otra ciudad, 7000 km de distancia, he cambiado de clima completamente y todos mis avances físicos se han venido abajo.  Estoy de regreso en donde el dolor y el cansancio no te permiten ver más allá, vuelvo a sentir la impotencia de tener mi mente clara y mi cuerpo no copera.  Pasar días en cama durmiendo o dormitando solo para poder hacer ciertas actividades.  Mis logros han pasado de búsqueda de la satisfacción personal, a esperar que hoy no me duela el abrazo de alguien o el viento en mi cara.

Antes vivía en una zona semidesértica, con pocos días húmedos al año, desde mi diagnóstico hasta dejar los medicamentos pasaron 5 años, mi vida tenía sus momentos de crisis, por hormonas, problemas emocionales o incluso exceso de ejercicio, pero digamos que ya me sentía dueña de mi cuerpo de nuevo, sabía que de mi dependía dejar que estas crisis llegaran o no, si cuidaba bien lo que comía, cuanto ejercicio hacía, o como me expresaba sobre mis emociones era suficiente para mantener controlado el dolor y el cansancio; tener una vida activa y casi normal…

En mi nueva ciudad, la humedad es constante, la lluvia es cosa de todos los días y el calor húmedo el pan de cada día.  Al llegar después de meses de planear la mudanza y el tiempo que nos tomó llegar, consideré que mi crisis era normal, cansancio, estrés, el cambio… Un mes después el clima cambio un poco y la época de sequía llegó, en lugar de llover 2 veces por semana, llovía 2 veces por quincena; sin relacionarlo aun pero mi salud mejoro, comencé a activarme y a colocarme en el mercado laboral.  Un par de meses después la sequía está terminando, la humedad sube día con día y el calor no da tregua.

Mi cuerpo parece no aceptar en el mejor de los términos estos cambios, he empezado de nuevo un camino para encontrar el balance y regresar al camino de la vida donde puedo ser, crear y vivir a pesar del clima.

Hoy te entiendo mejor, a todas esas personas que he leído una y otra vez que no encuentran la razón de que todos sus esfuerzos no resulten, que el dolor y cansancio sigan incrementando su incapacidad para vivir una vida normal.  Alguna vez te has preguntado si el clima del lugar donde vives es el más adecuado para mejorar tu salud, quizá no sea cuestión de mudarnos, pero sí de entender que debemos ser aún más compasivas con nosotros mismas en los días de lluvia, que un poco de sol nos iluminará el camino y hacernos conscientes que estos días tendremos que ser más pacientes con todo y con todos.

Así que no importa si vives en un lugar tropical o no, los días húmedos, nublados y calientes son parte del verano en todos lados, estudia tus reacciones al clima y prepárate con más meditación, mejor alimentación y mucho apapacho para ti durante los días húmedos…

Que tengas mucha suerte este verano, si quieres más información checa este otro blog!

https://artricenterfibromialgia.wordpress.com/2012/12/21/la-sensibilidad-a-la-temperatura-en-la-fibromialgia/

Somos lo que comemos

Hace unos años tenía un negocio de venta de alimentos, me encontraba en el ramo de lo “gourmet” las mejores, carnes, los mejores quesos, cosas que venían de todo el mundo y estaba que convencida que lo que vendía eran los mejores alimentos del mundo.

Al enfrentarme a la fibromialgia se volvió todo un reto alimentarme, ir redescubriendo los efectos de algunos alimentos en mi cuerpo, renunciando a ellos por unas semanas y luego reingresándolos a mis comidas fui notando como la carne en lugar de satisfacerme me llena pero no me alimenta, que las pastas y el pan empacado me inflaman, que las legumbres son mejor que un trago de refresco de cola cuando se trata de elevar la energía, en fin poco a poco fui descubriendo que ni los cortes de res más caros, los quesos más finos o las comidas más exóticas le ganan a un buen plato de frijolitos verdes.

Las drogas más comunes y con más casos de sobredosis son las drogas que comemos y bebemos: azúcar, café, harinas, grasas, alcohol; lo que desde pequeños hemos consumido y ya no logramos identificar el daño que nos hacen. Tener la determinación de alimentarnos en lugar de solo comer requiere de mucha fuerza de voluntad, mente abierta y sobre todo ganas de cambiar, porque es ir en contra de todo lo que repetidamente hemos hecho mal y nos gusta…

Te dejo una deliciosa receta para llenar de proteínas tu día, las nueces uno de los mejores alimentos vegetarianos para encontrar fibra, fito nutrientes y antioxidantes como la vitamina E y el selenio. Las nueces también son altas en calcio, magnesio, potasio, aceites esenciales como Omega-3.

 

Bolitas de nuez y semillas

Ingredientes (rinde 1 docena)

  • ½ taza (130gr) mantequilla de almendra
  • ½ taza (120gr) tahini
  • 1 cucharadita extracto de vainilla
  • ½ cucharadita nuez moscada
  • ½ cucharadita canela
  • ¼ cucharadita jengibre fresco rallado
  • ¼ taza (25gr) polvo de algaborra o sustitúyelo por polvo de cacao
  • ¼ taza (35gr) piñones o semillas de hemp

Combina la mantequilla de almendra, el tahini, el extracto de vainilla, canela, nuez moscada y jengibre fresco en un tazón. Forma bolitas con esta maza y pásalas por un plato con una mezcla de polvo de cacao, piñones y/o semillas de hemp.

Esta receta es alta en proteína, baja en grasa, alta en carbohidratos, muy alta en encimas, antioxidantes y fibra.

Yoga terapia para el dolor de espalda

Existen varias posturas en el yoga que nos pueden ayudar a relajar, estirar y fortalecer nuestra espalda, pero hablando de dolor de espalda a veces lo único que queremos es que desaparezca. Una de mis posturas favoritas para aliviar el dolor de espalda es Makarasana o la postura del cocodrilo.

Acostad@ boca abajo, levantamos la cabeza y los hombros descansando nuestra barba sobre las palmas de las manos, los codos se quedan en el piso, junta los codos para relajar espalda media o separa los codos para descansar cervicales; las piernas separadas y con los dedos de los pies apuntando hacia adentro si quieres relajar espalda media o apuntando hacia afuera para relajar espalda baja y caderas. La postura perfecta se logra cuando toda la columna está totalmente relajada, ajusta la altura de tus brazos.

Existe una variación a la que yo llamo Makarasana abajo o cocodrilo con la boca cerrada, las manos al piso, mano sobre mano frente a la cara, descansa la frente sobre las manos y siente como se relaja tu espalda alta.

Los beneficios de esta asana: es muy efectiva para personas con discos dislocados, dolor de ciática, dolor en espalda o cualquier otro desorden en la columna. Habrá que sostener esta postura tanto como sea posible, ya que ella guía al cuerpo a tomar su lugar y libera la compresión de nervios. Personas que sufren de asma pueden practicar esta asana incluyendo conciencia de respiración, ayudaran a sus pulmones a recibir más aire.

Disfrútala para ver la tele, relajarte después de un día de trabajo o simplemente para tomar el sol en la playa…

Maa Premananda

Fibroaceptación

Durante todo el proceso previo al diagnóstico cada día era más difícil aceptarme, mi mente quería seguir cumpliendo con todas mis responsabilidades (las naturales y las compradas), hacia lo posible por dormir pero si no sucedía dejaba correr la adrenalina en mi cuerpo para lograr mis objetivos del día. Esto hizo que aún con medicamentos tardará varios años en lograr controlarme, me sentía totalmente dependiente de mis pastillas, sin ellas no dormía, sin ella no descansaba y aunque no me dejaran pensar adecuadamente durante el día todo era mejor que el insomnio y el dolor; incluso en algún momento fui al médico para subir la dosis de las pastillas para el dolor, porque sentía que no me hacían…

Ahora que veo las cosas que pasaron, me doy cuenta como mi nivel de auto aceptación fue gradualmente creciendo desde cero. Al saber que todos mis síntomas tenían un nombre vino la primera parte, no estoy loca, ni estoy inventando nada, si estoy enferma. Al paso de los meses y gracias a mi psicóloga pase de si estoy enferma a si tengo una circunstancia física; un poco tiempo después cuando me convencí que debía ejercitarme acepte en un principio no podía caminar tanto como antes, pero que era necesario, me costó mucho trabajo reiniciar con el yoga, fue todo un reto, simplemente respirar con conciencia me hacía llorar, caminar una cuadra me mandaba a dormir, pero poco a poco fui reconociendo los beneficios de hacerlo regularmente y hoy ya camino mis 4 km diarios y hago una hora de yoga para mí, más mis clases y terapias; pase de ser una mujer en la computadora a una terapeuta de yoga.

Aceptar que hay personas que no comprenderán tus olvidos, tus enojos, tu dolor, dejarlas ir; aceptarte como un ser con muchas fallas, muy lejos de la perfección pero con una hermosa imperfección que brilla de aquí hasta el sol y de regreso. Aceptar que hoy es un buen día y no debes abusar de él, o que por el contrario hoy tu cuerpo no quiere dar de sí y te pide que descanses, aceptar que no puedo trabajar más turnos de 10 o 12 horas frente a un monitor o un mostrador fingiendo estar bien.

Aceptar que yo cree mi condición actual y que yo puedo modificarla, la curación física viene de una sanación del alma y de la mente. Hoy me preguntaron cómo le hice para quitarme los dolores; me sorprendió mi respuesta, “el dolor siempre está ahí, pero lo siento más, dependiendo de cuánto tiempo medite”. Mis pensamientos son reflejados en mi futuro, aunque me tarde una eternidad no dejaré de intentar todos los días que mis células hagan caso a esta nueva condición que estoy creando todos los días: “estoy sana y no me duele nada”.

Hoy el 95% de mis días los mejoro con tés para el dolor, remedios matutinos para mantener mi salud digestiva en orden, meditación y mucho ejercicio. A veces tengo que aceptar que cuando todo esto no funciona y mi mente se empieza a nublar de tanto dolor o cansancio que tengo que darle un respiro al cuerpo, ya sea y si el momento lo permite, descansar quizás dos o tres días seguidos o de plano tomarme una pastilla para el dolor y levantarme al día siguiente a seguir construyendo días sin dolor.

Pero esta nueva etapa también me ha enseñado a aceptar muchas cosas, primero cuando me mantengo libre de medicamentos mi mente funciona más claro, soy mucho más compasiva conmigo y con los demás. Cuando empieza una crisis de dolor mi pensamiento se nubla, me cuesta trabajo entender lo que escucho, olvido todo y poco a poco mis puntos de dolor se intensifican, mi cabeza intenta relajar mi cuerpo y a veces lo logro y otras me vuelvo un ogro. Cuando tomo medicamento (generalmente de noche); me levanto radiante y sin una pizca de dolor, casi siempre, pero mi cerebro no conecta ideas, ando como robotito y tampoco entiendo lo que escucho, me vuelvo egocéntrica y cero compasiva. Hoy entiendo porque cuando tomaba los medicamentos aunque parecía funcionar no me sentía feliz y agradezco al universo, a mi abuela materna por enseñarme y a mi esposo por apoyarme haber encontrado mi camino en el yoga terapéutico para sanarme y apoyar a otros en su camino al auto sanación.

Premananda

La locura de la fibromialgia

Antes de saber cómo se llama el conjunto de síntomas que me atacaban, juraba estar loca por sentir tantas cosas distintas, todos los días un malestar diferente; una vez que supe cuál era el nombre de lo que me sucedía físicamente fue más fácil aceptar mis padecimientos, pero ahí empezó otro viaje aún sin terminar…

En el libro de “Como afrontar una crisis de fibromialgia” nos hablan de un tratamiento integral, que en resumidas cuentas sería: reumatólogo o médico que diagnostica y provee medicamentos para mitigar el dolor; psicólogo para apoyar el manejo del dolor, entre otras cosas; nutrición y ejercicio.

Esta vez me enfocare en como la psicología ha apoyado mi experiencia para vivir sin dolor. La primera vez es la más difícil, un par de años después de mi diagnóstico, cuando ya era toda una dependiente de mis medicamentos para lograr sentirme menos mal, mi estado anímico iba de mal en peor, la depresión y la disminución de mi persona ante cualquier suceso me mantenían en un estado de inmovilidad permanente, cuando era una persona que meses antes tenía dos negocios y se sentía la dueña del mundo… Por casualidades de la vida conocí una psicóloga y ella me comentó que podría ayudarme, me tomo varias semanas aceptar su propuesta entre pena conmigo misma de ir con un “loquero” y restricciones económicas falsas, porque si te gastas 300 en una salida al cine, te puedes gastar lo mismo en una sesión con tu terapeuta.

Mis primeras terapias fueron de gran ayuda, aprendí a pensar diferente, a relacionar mis síntomas con mi físico, más no con mi persona; entender que somos más que nuestro cuerpo es muy difícil, ya que solo nos relacionamos con nosotros mismos a través del espejo, poco sabemos de cómo aceptar nuestras ideas (si nos son validadas por alguien más), solo aceptamos lo que vemos y sentimos físicamente como real. Una vez que deje de presentarme como soy Beatriz y tengo fibromialgia, empecé a sentir mejoras en mí que ninguna pastilla me había dado. No se trata de negar lo que tienes, simplemente de darle el lugar y la importancia que merece, es un padecimiento físico que afecta a mi cuerpo y trabajando con mi mente logro separarlo de mi esencia de esa luz interior que le da vida a este cuerpo; ella no tienen fibromialgia y no está impedida a verse como un ser completo solo porque el cuerpo no esté funcionando adecuadamente. Continúe trabajando con mi terapia física (yoga) y con mi alimentación por varios meses.

Al tiempo llegó otro momento de crisis emocional, cuando me sabía poderosa, aceptando que mi cuerpo quizá no responda como me gustaría, pero, y ahí viene el pelo en la sopa, mis reacciones seguían desencadenando una serie de emociones en mi desde enojo y coraje por no saber contralar mi ansiedad, desprecio a mí misma por no lograr hacer todo lo que me proponía, pelea constante entre quiero quedarme tirada en la cama contra luchar por tener un día sin dolor excesivo pero realizando mis actividades normales.

Tuve la bendición de encontrar a una psicóloga espiritual, cuando la conocí pedí tener una terapia con ella y me hizo una entrevista, al ver que yo me había cerrado por completo a compartir mis experiencias con otras personas me insistió que en lugar de tomar una terapia personal tomará un curso impartido por ella sobre amor propio con otras 6 mujeres, y de nuevo la resistencia que me llamaran falta de autoestima me hizo dudar tomarlo, pero finalmente lo hice y me agradezco hasta el cielo por tomarlo.

Durante el curso fuimos desde el enfrentamiento con el espejo, el perdón hacia mí misma, la real aceptación de quien soy, el trabajo de emociones con afirmaciones; y sin duda alguna puedo decirles que esto fue la cereza de mi pastel, a partir de lograr desarrollar estos temas, de profundizar en mi autoconocimiento y sobre todo de compartir mi experiencia con otras mujeres (que no padecían fibromialgia) me di cuenta que por más grandes que veía mis problemas, siempre hay alguien que la pasa más mal; los problemas personales, de pareja y de negocio son tan comunes que creer que solo a ti te pasan con o sin fibromialgia es imposible.

Hace un año que terminé este curso y hace 6 meses que dejé mis últimas pastillas, hoy en día antes de tomar un medicamento, trabajo con mi alimentación, ejercicio y con mi mente, a veces me toma más de dos días reponerme de una crisis de dolor, pero pase lo que pase me es más fácil aceptarme, si un día amanezco muy cansada, hago mis ejercicios y en lugar de obligarme a seguir con el día me doy unas horas de descanso para reponerme, en cuanto junto energías de nuevo, continuo con mis actividades; me regalo más descansos, meditaciones y momentos de relajación y me amo y me acepto todos los días así tal cual soy.

Cada una somos distintas y la relación con nuestra enfermedad también lo es, pero no dejes de pedir ayuda cuando la necesites, un terapia psicológica es un apoyo a tu camino de la verdad, no te cierres las puertas por falta de recursos (siempre hay lugares que ofrecen terapias gratuitas o más baratas: como centros de apoyo a la mujer, casas de cultura, DIF, etc.) o por prejuicios, nadie es menos por pedir un poco de ayuda y cuando es una persona externa a nuestro circulo siempre proveerá de una visión distinta y llena de matices para mejorar la obra de arte que está en tus manos, tu propia vida…

 

Maa Premananda

La fibromialgia me enseño a conocerme

“El dolor es profundamente humano porque en él la persona se conoce a sí misma: su humanidad, su dignidad y su misión”. Juan Pablo II

Estudiando las características de las personas con fibromialgia, según el libro “Cómo afrontar las crisis de fibromialgia” confirmo lo que siento hace un par de años y es que sin esta enfermedad hubiera seguido siendo todo menos yo misma.

  1. Son personas muy dadas a satisfacer las necesidades de los demás antes de las propias, al extremo que ya no saben cuáles son sus necesidades. Uf complicado, desde niña aprendí a complacer para obtener lo que yo quería, pero poco a poco deje de pedir retribución y me dedique a satisfacer a los demás… Lo más difícil ha sido desenterrar lo que yo quiero.
  2. En algunos casos, se sienten incomprendidas y heridas por las personas que las rodean. DRAMAQUEEN, cierto siempre lo fui, mi madre solía decirme Beatriz Sheridan, y aunque esto no he logrado eliminarlo por completo, cada día logro parar mis dramas más fácil, a veces sin que logren salir de mi misma. El yoga me ha enseñado que cualquier cosa que siento que me ataca, es mi propia mente maquillando un tope en un muro impasable, lo único que tengo que hacer es cambiar mis pensamientos, a veces difícil, pero nunca debe dejar de intentarse, de que se puede ¡SE PUEDE!
  3. Tienen un gran sentido del deber, lo que las lleva a ser exigentes y a tener sentimiento de culpabilidad cuando no cumplen con sus actividades. Les cuesta trabajo pedir ayuda. Creía que era una cualidad, pero todo lo bueno llevado al exceso hace daño, ahora estoy aprendiendo a balancear mis responsabilidades y mi adrenalina, mi sentido del deber, poniendo siempre y ante todo mis necesidades antes que las de los otros, me ayuda a darme cuenta cuándo, aunque me sienta responsable, no debo o puedo realizar algo y simplemente tengo que dejarlo ir…
  4. Presentan mucha rigidez física, y en consecuencia su cuerpo está muy tenso; rigidez mental, pues tienden a dar muchas vueltas sobre lo mismo; rigidez emocional, por lo que, siempre que pueden, evitan afrontarlo que siente, no se permiten derrumbarse. Rigidez física, no quedo de otra más que hacer ejercicio porque aunque la cabeza te diga que te va a doler más, aprendes que si te mueves, el cuerpo se balancea y te permite andar sin tanto dolor. Rigidez mental, yoga, meditación activa y meditación pasiva, desde como camino ahora voy corrigiendo mi postura, mi respiración, atenta al momento y no pensando en un futuro que podría o no ser. Rigidez emocional, pude quedarme en la cama y castigarme continuamente recordando mi dolor, lo hice un tiempo, pero me enoje tanto conmigo misma que la depresión le ganó a la sanación, esta es la que quizás he cambiado menos, no me he dejado caer ante esta enfermedad, sigo luchando por vivir y no sobrevivir, aunque ahora soy más consciente de cuanto me puedo lastimar a mí misma si no tomo en cuenta mis emociones.
  5. Esta forma de relacionarse consigo mismas y con su entorno las lleva a una gran pérdida de energía, ya que esa tensión se va acumulando en su cuerpo. Que puedo decir, cada vez que caigo en una crisis de dolor es pera recordarme que estaba olvidando ser más flexible conmigo y con los demás, que las expectativas solo me traen mal sabor de boca o que debo decir lo que siento para no alimentar mis dolores con emociones negativas…

En algún momento de la vida decidí ser como era, hoy decido que ya no quiero ser lo que no soy, hoy me quito el disfraz y soy lo que soy a pesar de mis decisiones pasadas.

Maa Premananda

La fibromialgia y el perdón

Hace varios años cuando trataba de entender que es esto de la fibromialgia una amiga de mi madre le dijo que ella la conocía como “la enfermedad del alma”, meses después mientras estaba en India mi gurú me dijo que yo tenía roto el corazón y no lo quería aceptar, poco a poco accedí a analizar este tema en mi persona para darme cuenta cuantos resentimientos guardaba por años en mi corazón, y sentir como al irlos recordando había algunos que por diferentes circunstancias ya había superado realmente, que solo los pensaba y dejaba ir. Sin embargo otros comenzaron a apachurrar mi corazón, a pesar de estar bajo medicamentos que generalmente funcionaban cada vez que daba paso al análisis de mis resentimientos la crisis de dolor, insomnio y mal humor regresaban. Eso no era todo, más allá de los rencores hacia otras personas, la cantidad de sentimientos negativos hacia mí era impresionante.

Afortunadamente encontré una psicóloga que me ayudo a desmarañar la bola de estambre más enredada de mi vida, su curso basado en las enseñanzas de Louis Hay me enseo a ver que todos estos sentimientos me retenían en el pasado, no podía avanzar ni mejorar porque no había vaciado la bolsa de piedras y ya no había manera de jalar tanto peso.

Perdonar a otros y a nosotros mismos no es nada sencillo, se dice fácil de dientes para afuera, pero el que esté limpio de rencores que tire la primera piedra…

Hay varios ejercicios que me ayudaron en este andar, uno y el que más aplico es la carta del perdón, escribir una carta a esa persona que sientes te hizo algún mal, la carta primero hará saber a la otra persona lo que siento, cómo me hizo sentir lo que hizo, al final después de haber vaciado la bolsa cuando no se me ocurren más detalles de mis emociones al respecto; acepto que yo decidí molestarme y guardar mi enojo mucho tiempo, que en este momento decido olvidar y superar el hecho sin preocuparme más por el ayer, lo dejamos atrás. Nunca he entregado una carta de estas, pero me ha hecho muy bien escribirlas.

Otro es un ejercicio para disolver el resentimiento. Sentarte cómodamente, cerrar los ojos y permitir que cuerpo y mente se relajen. Imagínate sentado frente a un teatro oscuro, frente a ti un escenario pequeño. Se enciende la luz y aparece la persona a quien le guardas resentimiento. Puede ser del pasado o del presente, viva o muerta. Comienza a imaginar que le pasan puras cosas buenas; cosas significativas para esa persona, visualizal@ sonriente y feliz. Piensa esta imagen por unos segundos y luego déjala ir. Louise recomienda algo que me parece muy reconfortante, una vez que se va esa persona sube al escenario e imagina cosas buenas para ti, ve cómo estás sonriente y feliz.

Si no me perdonara todos los días hoy seguiría bajo medicamentos y tratamientos, cada día procuro conocerme un poco más, aceptarme y perdonarme, antes de juzgar a otros veo que es lo que me molesta de ellos y proceso mi molestia, no es necesario despotricar contra el mundo cuando tu mundo no está en calma, tampoco es justo meterte bajo la almohada y no querer ver cuánto te odias y te maltratas sin moverte por el dolor, la razón principal de estar enferma son las emociones guardadas, acumulación de basura toxica durante años y para comenzar tu recuperación lo primero es vaciar ese bote de basura.

La limpieza emocional es fundamental en el auto tratamiento contra cualquier enfermedad

Premananada

El dolor crónico y las relaciones personales

Una de los síntomas más frustrantes de la fibromialgia es el dolor crónico, que no es sólo de nosotros, hay mucha gente que con distintos padecimientos sufriendo de dolor en diversas intensidades, constante y sin parar. Causas hay “N”, maneras de enfrentarlo también hay muchas, tranquilizantes y relajantes químicos o naturales, masajes, entre otros, pero cuando este dolor es continuo lo accesible no siempre es suficiente, entonces el cuerpo comienza a subir su resistencia al dolor para responder a lo que tu mente le pide (en lugar de descanso, nos tomamos algo y seguimos). Pero un día te levantas y tu cuerpo no te responde, no hay manera que lo hagas caminar al baño, el dolor muscular, la pesadez en el cuerpo y el sentimiento de impotencia te invaden, te regresas a la cama y al acostarte de nuevo todo te duele, no hay posición cómoda, ni manera de dormir y descansar; el dolor es como ir 8 horas seguidas al gimnasio por tres días, músculos, huesos, piel, todo duele.

Y ahora con esto debo levantarme e ir al trabajo, atender a la familia, acordarme de los pendientes, llamar a mi madre, sonreír al vecino, visitar clientes; y mientras el día pasa y el cuerpo duele, el humor se obscurece, la sensibilidad a la luz incrementa, el más dulce sonido se vuelve una molestia hasta el centro del cerebro; en eso alguien me toca y yo ESTALLO en un grito de histeria “FIJATEEEE”, quien fue, no sé, solo sé que toda la concentración en que no me doliera y mantener mi carita lo mejor posible se fue a la basura con un empujoncito o un pisotón.

Así se siente una crisis de dolor, al principio moría de pena y vergüenza por lo que me pasaba, no me lograba controlar y hasta con las personas más amables tuve roses, cuando no sabía que tenía un padecimiento mi única lógica era “me estoy volviendo una amargada, loca, histérica, hipocondriaca”, el diagnóstico fue como una luz en el camino para decirme que había una razón y podía buscarse una solución…

4 años han pasado desde entonces y mis relaciones personales han sufrido cambios y separaciones; solía ser una persona que gustaba de complacer a los otros todo el tiempo, deje de atender al mundo para atenderme a mí, eso me distancio de todos, mi pareja y mejor amigo fue el que más resistió a mis crisis de dolor y juntos aprendimos a respirarlas y sobrepasarlas, el me enseño a detener mi andar, descansar y ser compasiva conmigo, aunque las cosas no siempre fueron así, lo lastimé fui cruel y no solo con él, también con mis padres, hermano, familia cercana que quiso ayudarme; me aleje de todos y eso me hacía enojarme más conmigo por no ser capaz de enfrentarlos aún con mis dolores.

Hoy doy gracias a esos días porque me enseñaron que si tengo una crisis antes de empezar a lastimar a otros debo recuperar mi balance, más vale que digan aquí corrió que aquí me lastimó. El dolor crónico te vuelve una BITCH de eso no hay duda, si tienes crisis, intenta no culpar a nadie, descansa, llora y duerme todo lo posible; cuando te sientas mejor regresa al mundo y sigue adelante…

Hace unas semanas me dijeron con cada crisis aprenderás un poco más, cada vez que se me olvida ser compasiva y amorosa conmigo las crisis me recuerdan que soy lo más importante en mi vida, no puedo dar explicaciones a todo el mundo cuando me desaparezco de escena, la gente que me quiere entiende o al menos no se molesta o se siente por mis ausencias, si alguien lo hace y sin preguntar se aleja es libertad de albedrío y les deseo un camino lleno de salud y libre de dolor…

¡Yo soy responsable de todo lo que sucede en mi mundo, actúo no reacciono!

¿Fibromialgia y ahora qué como?

La fibromialgia es reconocida como un síndrome y no como una enfermedad; este síndrome es un acumulado de diversos malestares físicos, emocionales y mentales. Las personas que sufrimos este mal crónico padecemos de dolor en el cuerpo (piel, músculos, articulaciones); problemas en la espalda, sistema digestivo, nervioso, endocrino, ataques de ansiedad, depresión, pánico, entre muchos otros síntomas. En varias de las investigaciones realizadas se han encontrado niveles bajos de serotonina en el cuerpo de pacientes con FM, se cree que la serotonina juega un papel muy importante en la regulación del humor, sueño, impulsos, apetitos y motivaciones. La comida que consumimos tiene el potencial de elevar o disminuir tus niveles de serotonina.

Cuando empecé mi auto-tratamiento, lo primero que decidí cambiar fue mi alimentación, encontré un libro que se llama “Food that helps win the battle against Fibromyalgia” (Comida que ayuda a ganar la batalla contra la fibromialgia) de Deirdre Rawlings y con ayuda de sus recetas y mucha disciplina logré identificar los alimentos y las bebidas que alteran mi sistema nervioso, que aumentan mi adrenalina o me producen relajación y sueño. Fue un trabajo de mucho tiempo, les puedo decir que casi un año pase comiendo lo mismo (fruta, huevo, frijoles, tortillas, pescado, arroz), mi cuerpo adoraba estas nuevas comidas, simples, sin picante y preparadas al momento; cuando me sentí desintoxicada empecé a probar otros alimentos ya fuera por antojo o por necesidad (cuando andas en la calle y no hay mucha opción); poco a poco regresé al pan (para darme cuenta que me inflaba y me daba mucha hambre al poco tiempo de consumirlo), la carne (se me antoja pero no me siento satisfecha después de comerla), los postres (me elevan la adrenalina y me altera el sistema nervioso), las legumbres (me alimentan y me dan una gran sensación de satisfacción por largo tiempo), Coca-Cola y refrescos en general (me levantan la pila pero hacen estallar mi cabeza con tanta azúcar), chocolate (me ayuda a alegrarme cuando ando baja de ánimo pero me cuesta dormir cuando como cercano a mis horas de sueño); así fui encontrado el balance en mis comidas, hoy como todo lo que se me antoja, mi cuerpo me pide algunos días de desintoxicación a base de puras verduras pero puedo consumir lo que sea siempre que encuentre el balance entre alimentos estimulantes y relajantes.

Aquí van 5 reglas básicas para aprender a controlar nuestro cuerpo a través de lo que comemos:

  1. Súbele a la vitamina D. La mayoría de los adultos tenemos deficiencias en la vitamina D, pero para los pacientes de fibromialgia esto puede ser muy peligroso “la falta de vitamina D se refleja como dolor muscular y en los huesos”, estudios han comprobado que las personas con deficiencia en vitamina D usan el doble de analgésicos que las personas con niveles normales. La recomendación tomar el sol, al menos 15 minutos al día y en caso de vivir en lugares muy fríos o nublados, tomar complemento vitamínico.
  2. Reduce los alimentos con aditivos. El MSG (glutamato monosodico) o el aspartame entre otros alteran la química del cuerpo actuando como moléculas de exotoxina que tienen la habilidad de activar neuronas transmisoras de dolor. Recomendación, revisa las etiquetas de lo que consumes si tiene alguno de estos dos elementos, u otro que no puedas leer en voz alta a la primera, ¡qué se quede en el estante de la tienda a ti no te hace ninguna falta!
  3. Dile sí al pescado. Los ácidos grasos Omega 3 son encontrados en el pescado, como salmón, bacalao, en nueces y linaza entre otros alimentos; estos ácidos grasos son conocidos por reducir la inflamación y prevenir enfermedades cardiovasculares. Hay estudios que comprueban que después de tres meses de consumir Omega 3, se reducen la rigidez matutina y los dolores musculares.
  4. Adiós a la cafeína. Se asocia fibromialgia con mal sueño y si duermes mal pues te quieres mantener despierta a toda costa, tomando café, Coca-Cola, chocolate, te negro. Pero esto lleva a un círculo vicioso donde tu cuerpo que ya de por sí no produce suficiente serotonina para relajarte, le agregamos estimulantes y cuando llegue la noche, ten por seguro que te costará trabajo dormir y lo más importante descansar.
  5. Vegetales a la máxima potencia. Hay estudios que relacionan la fibromialgia con falta de antioxidantes en el cuerpo, exceso de óxido, si nuestro cuerpo no está produciendo suficientes antioxidantes habrá que ayudarlo con frutas y verduras frescas (de preferencia) que están llenos de vitamina A, C y E que son las que luchan contra los radicales normalizando el pH en nuestro cuerpo. Si decides comer carne, hazlo en pequeñas porciones y preferentemente con ganado alimentado con pastos, no con granos, de esa manera reduces el riesgo de elevar el pH de tu cuerpo.

Cada una somos tan distintas que ni el mismo síndrome nos afecta igual, no podemos esperar que nos den una receta mágica para curarnos tenemos que reconocer nuestro cuerpo, aprender que le hace daño y que le hace bien y madurar en nuestra alimentación por experiencia propia.